miércoles, 26 de febrero de 2014

La cara de la luna

   Sucede a menudo, que el descubrimiento que en nuestro consciente conecta una serie de conocimientos, no es el más relevante, y de hecho el dato más importante era sabido hace tiempo. Es como si cada pequeño pedazo de información fuera una pieza de dominó y la última ficha, azarosa en cuanto a su importancia frente al resto, cayera, empujando al resto y generando una reorganización brutal de como vemos el mundo.

   Como un relámpago, que no termina de entenderse hasta luego de un tiempo, cuando vibra el trueno.

   Para mi, fue una canción. Alegre, escurridiza. Y siempre que los músicos la tocaban mi mamá bailaba. Desde niño la escuchaba.

   Vivíamos en una casa con muchos cuartos y un salón muy grande delante, donde se daban reuniones y bailes casi todos los días. Mis tías no me dejaban ver ni participar y me mandaban a la cama temprano. Mi mamá me cantaba schlaflied antes de unirse a la fiesta. Pero yo a veces la engañaba haciéndome el dormido, me escapaba y espiaba por la ventana el baile al son de la canción.

   Una vez Hansen, el hombre de la casa, me vio y me pegó un revés que me dejó la cara marcada. Al otro día volvió a pegarme, esta vez más fuerte y delante de mi madre y las tías. Luego le pegó a ella varias veces, y explicó a todos que esto pasaba cuando alguien se portaba mal.

   No lo hice más, y con el tiempo él me fue tomando cariño. Me explicó que él pagaba la comida y la ropa, que tenía que mantener el orden. Me enseño trucos para distraer al verdulero y robar una manzana. Cómo pasar desapercibido a pesar de que ya estaba alto para mi edad. Cómo tenía que agarrar un cuchillo, para cuando fuera grande y tuviera el mío propio. Me enseñó el valor de la plata, y que por eso le pegaba a mi mamá cuando ella le pedía libros a sus novios de regalo para mí, en vez de efectivo o alhajas. O a las tías, cuando hacían “tonterías”.

   Tardé en conocer el nombre de la canción, que escuchaba desde mi cuarto. Me abstuve de acercarme por la noche al salón por mucho tiempo. Poco antes de ser adolescente me animé, más confiado en no hacerme notar.

   Una de esas noches, nublada y fresca, los músicos se excusaron y se estaban retirando temprano, para evitar el aguacero. Uno de ellos salió al patio, al parecer confundiendo la puerta de salida. Antes de que alguien más se diera cuenta, me acerque, y le pregunté, tarareando la melodía, el nombre de la canción.
 
   "La Concha de la Lora, por eso la tocamos cuando sale la gringa". Contestó riendo, esperando una complicidad que no llegó. “Creo que me equivoqué de puerta”. Y se fue.

   Volví a mi cuarto.

   Al rato se apagaron las luces, en vista de que no había más clientes. Llovía, como a Buenos Aires le gusta hacer llover. Cuando supe a Hansen dormido, me metí en su cuarto.  Sin hacer ruido, tal como me había enseñado.

   Se escuchaban solo las gotas en el techo, cada una como una ficha tumbando a la siguiente. Encontré el arma donde hacia unos meses lo había visto guardarla, luego de enseñarme a usarla. “La tengo para defender a tu mamá” me había dicho. Miré bien, estaba cargada.

   Me paré de frente a la cama y grité, con mi voz que luchaba por dejar de ser la de un niño:

   -¡Che!, ¡Cafiyo!

   Se incorporó exaltado. Una luz blanca entró por la ventana e iluminó todo. Me vio.

   -¡Hijo de puta!

   Tronó el cielo y tronó el revolver.

miércoles, 8 de enero de 2014

Micro relato II

   Me desperté, con las imágenes de un sueño frescas. Aunque la gente seguía bebiendo, en la fiesta se sucedían diversos homicidios. Algo así como un mutilado y un destripado. Muy violento como para describirlo. En un momento desaparecía una extranjera de pelo corto y en otro aparecía en una zanja (o similar, se torna difuso el recuerdo) a una cuadra de distancia por la calle de tierra. Me torné en inquisidor designado en la búsqueda del psicópata, y un fifí fanfarrón en mi sospechoso número uno.
    De pronto yo estaba con una soga al cuello sobre un pequeño banco en el patio y una voz tras la ventana reía. No había más gente en la casa. Una piola atada a mi débil piso me amenazaba. Mi cara debe haber cambiado al notarlo porque la risa se volvió carcajadas.
    Suena el timbre.
    Se oye una maldición y luego silencio total. Me libero. Comienza a entrar gente a la casa, con el fifí a la cabeza, todos sorprendidos. No vieron a nadie salir.
   Insisto en mis sospechas: él salió a la puerta para disimular y entró con el grupo. Esa es mi hipótesis. ¿Alguien lo vio asomarse por la calle? Nadie recuerda, pero todos lo defienden. No le pierdo el rastro mientras él insiste en continuar con la fiesta. Alguien encuentra unas tijeras de podar, afiladas a la rusa, que coinciden tal vez con las marcas de las mutilaciones. Quiero interrogar al sospechoso. La gente ríe. Muchos se van, alegan que es una pena pero es tarde. La impotencia me golpea, como ventana del dormitorio agitada por la corriente.
   Dicen que en los sueños uno es todos los personajes. Yo era el asesino.
 

sábado, 28 de diciembre de 2013

Villancico

El problema de este tipo, era que de chico iba siempre a la iglesia y era muy amante de Dios y la biblia. A cierta tierna edad se le ocurrio averiguar que era eso del sexo de lo que tanto se habla. Y le pregunto al cura local. Pero no fue en un buen momento. El representante del Señor en la tierra se había pasado un poco (mucho) con el mistela y en vez de '¿Padre, que es el sexo?', entendió 'Padre, ¿me da sexo?'. Le dijo al pequeño 'Pendejo de mierda, mira las cosas que pedis, tan degenerado a tu edad!!!' y lo recagó a bifes... El pibe lloraba mezclando lagrimas y sangre sin entender nada. Desde ese episodio, nunca más se animó a preguntar sobre el tema. Tampoco volvió a esa iglesia (por si las dudas), salvo en los terribles casos en los que la madre lo obligaba.
El tiempo paso. En el colegio aprendió lo que era el sexo, y de alguna manera extraña entendio porque el manager, digo el representante de Dios le lastimó... Dedujo que había alguna relacion entre que su papá llame bruja de mierda a su mamá, que el cura no deba tener eso del sexo, que el sexo siempre hace perder a los malos en las peliculas, CLARO!!!, el cura le quiso enseñar que si no tenes sexo sos más capo!!! Por ejemplo el cura!, claro clarisimo clarivel!, por eso le dice a la gente lo que tiene que hacer. Si no, seguro tendria a una bruja engañandolo con sexo, como en las peliculas.
En la secundaria, guardo el secreto de su descubrimiento, como si fuera un mensaje especial llegado del Cielo solo para él. Miraba con desprecio a los pibes y minas que coqueteaban entre ellos. El asco y la soberbia se le notaba en la cara tanto, que el primer indicio de su destino llego en esa época.
Estaba sentado en el patio del colegio comiendo un sandwich de jamón y queso con dos rodajas y media de tomate, con muy poca mayonesa (con pan blanco obviamente), cuando se le acerca Lucy, una de sus despampanantes compañeras de curso. Se agacha de tal manera que deja ver un poco de su escote, y le dice '¿sabés que sos muy lindo? seria lindo que te dejes conocer'...Él le dijo '¡¡¡Pendeja de mierda!!!' y la recago a bifes... Lucy lloraba mezclando lagrimas y sangre sin entender nada.
Luego de ese episodio y sus consecuencias escolares, se dió cuenta de que tenía que guardar las apariencias, acerca de su pequeño secreto, esa oportunidad que le habian dado de ser mejor que el resto. Aprendió a hablar (mentir) sobre sexo, empezó a socializar un poco, no demasiado. En este camino de (¿hermosa?) soledad sexual, escuchó la frase 'con esto, ni el sexo te preocupa', y conocio un grupo de gente que no tenia mucha actividad sexual (¿serian otros elegidos?). Le mostraron que las drogas no eran malas como tanto se publicita. El entendio el mensaje: son una arma contra el sexo. Habia algunas que producian tales sensaciones que la gente se olvidaba que existía el sexo. Otras que cuando querias tener sexo, no te dejaban. Aquellas otras te enviaban a otro mundo en el cual ni existía el sexo. Con una en particular, él se comunico con Dios. Si. Exactamente. Se comunico con Él, y recibió el segundo mensaje divino de vida. El supremo se aparecio con la forma de su amigo el cura. Entre las distorsiones acusticas, el entendio algo asi como : 'Hay muchos pendejos de mierda, demasiados', y le guiño dos veces el ojo. En ese momento, él volvió, sonriendo.
Bueno, el resto de la historia se sabe. Seria mas divertido hacer una pelicula o un anime mostrando como el tipo crucificó a un par de prostitutas, castró (hasta la muerte) a un par de putañeros. Ni hablar de que cuando mató a la madre adelante de su padre y pidió que no se lo agradezca...
Cuando el tipo estaba en la celda esperando su ejecución, recibió la visita del párroco de la prision... Si, obvio, era el cura borrachín de su niñez. Aquel que le abrió las puertas del cielo, al que ahora, gracias a  su justiciera misión, iría. Apenas lo vió, le dijo:
-Es Usted, padre, él me guió toda mi vida!
-Yo no te guié ...!
-Pero ud. me enseñó el camino, allá en la casa del Señor, me dió un mensaje, no recuerda.
-Vos estas loco!!, si no pedis perdón ahora por tus pecados...
-Yo no cometí pecado!!!, yo cumplo con su mandato!, ud. luego vino, no recuerda, a darme el segundo mensaje.
-Creo que te equivocás, veo que te vas a ir al infierno.
El cura se dió medio vuelta y se fue. Al salir le comentó al guardia: 'Hay muchos pendejos de mierda, demasiados', y le guiño dos veces el ojo.